martes, 15 de enero de 2013

Algunas consideraciones lingüísticas. Transitividad y reflexividad en el federalismo


Esta mañana, leyendo un texto sobre verbos pronominales y transitivos, no he podido evitar pensar en el proyecto del PSOE y del PSC de “federar” España. “Federar” es un verbo transitivo, es decir, uno de esos verbos cuya “acción pasa a una persona o cosa distinta del sujeto que la ejecuta”. “Federar España”, pues de eso se trata en la propuesta de los socialistas españoles y catalanes, significa organizar federalmente (la acción del verbo) el Estado o territorio español (la persona o cosa sobre la que se ejecuta la acción), pero nada se nos dice sobre cuál ha de ser el sujeto (distinto de la persona o cosa sobre la que se ejecuta la acción) del verbo transitivo “federar”. Si el sujeto que realiza la acción es distinto del objeto o persona sobre la que se ejecuta, entonces habría que pensar en un sujeto de la acción (sujeto político, claro) ya sea singular (un ente que eventualmente tome el control político de España y la organice federalmente, un poco al estilo de lo que pasó con Alemania tras la 2ª Guerra Mundial), o, más común en la historia del federalismo, en un sujeto plural, esto es, distintos sujetos políticos (Pueblos o Estados soberanos) que deciden unir sus respectivos territorios y fuerzas en uno más grande, y que organizan federalmente. Obviamente, ni el PSOE ni el PSC tienen en mente alguna de esas dos opciones.

De esto se deriva que si lo que se quiere (como se deduce del proyecto de PSOE y PSC) es que el sujeto de la acción “federar” (pongamos el Pueblo o la Nación española) sea el mismo que el objeto o persona sobre la que se ejecuta la acción (el territorio y Estado actual de ese Pueblo o Nación), convendría cambiar el valor del verbo "federar", y pasarlo de transitivo a transitivo reflexivo (“me golpeo”, yo –sujeto- golpeo a mí mismo –objeto) o a transitivo reflexivo recíproco, o pronominal recíproco, como también se le llama (“nos saludamos”, recíprocamente se entiende), esto es, pasar de “federar” a “federarse” (o “federarnos”).

Siempre he pensado de hecho que el federalismo tiene una lógica más propia de los verbos con valor reflexivo (aun transitivos) o pronominal recíproco que de los transitivos puros. En mi opinión, expresan además con mayor claridad la identidad del sujeto de la acción ejecutada (federar). Ocurre, en efecto, con los transitivos puros, que al no ser el sujeto el mismo que la persona o cosa sobre la que el sujeto ejecuta la acción, muchas veces, siempre hablando de federalismo, queda sin saber quién es el verdadero sujeto de la acción, es decir, quién federa lo que se acaba federando. Una frase como “hay que federar España”, nada dice claramente sobre quién lo ha de hacer. El sentido común, pensarán muchos, nos dice implícitamente que es España misma la que tiene que federar España, pero entonces, aunque sólo sea por hablar con un mínimo de corrección, habría que decir que “España tiene que federarse” (a sí misma), recuperando así la forma reflexiva. Pero no es únicamente una cuestión de corrección lingüística la que invita a preferir la forma reflexiva o pronominal cuando hablamos de federalismo, ya sea para decir que “España se federa”, ya sea para decir que los “Pueblos de España se federan” (el plural necesario de la oración pronominal recíproca), sino las ventajas, en términos de claridad y transparencia política, que se derivan de una expresión clara e inequívoca del sujeto de la acción. Y esto es así porque evidentemente más clara es cualquiera de las dos expresiones de forma reflexiva utilizadas (“España se federa” y “los Pueblos de España se federan”), aun cuando –es preciso subrayarlo- estén postulando dos modelos federativos muy diferentes, uno nacional el primero, otro plurinacional el segundo, que permanecer en la ambigüedad de no saber con certeza quién es el sujeto político de la acción. La claridad en estos casos es siempre de agradecer pues facilita el buen entendimiento de cuestiones tan importantes como la del reparto de competencias, la financiación, etc., cuestiones a las que naturalmente se le dará una respuesta diferente en cada uno de los modelos federales citados (nacional y plurinacional).   

Pero iría incluso más lejos en esta reflexión. Es algo comúnmente aceptado entre los estudiosos del federalismo que la diversidad o el pluralismo es uno de sus rasgos característicos, y si hoy hay quien, con dudoso criterio, deriva el federalismo del principio de unidad de la nación, por sólo dar este ejemplo, no hay que olvidar que tenemos una ya larga y fecunda tradición federalista (desde Montesquieu, pasando por los Founding Fathers norteamericanos, hasta hoy, incluso en el federalismo europeo) que deriva el federalismo y la federación de la pluralidad o pluralismo de sujetos políticos que lo y la constituyen. Lo cual, retomando el hilo de lo comentado, lleva a preferir también la forma reflexiva, o pronominal recíproca, en plural (“federarnos”), a la forma reflexiva, en singular (“federarse”, entiéndase a sí mismo), y ello por la razón sencilla de que la forma reflexiva implica un sujeto de la acción “federar” que es singular, y no plural como pide un federalismo bien entendido, y la oración pronominal recíproca, por supuesto.

E pluribus unum, esto es, “de muchos, o a partir de muchos, uno”, dijeron los Padres del federalismo norteamericano, y no E unum pluribus, “de uno, o a partir de uno, muchos”. Y es que hablar del federalismo tomando como punto de partida la unidad (“federarse”) es, si se me permite la comparación, como preferir la expresión, tan malsonante como de difícil inteligencia, “yo me federo”, a una expresión tan clara como “nosotros nos federamos”. Es decir, es una manera de pensar el federalismo muy torpe, escasamente clara, en el sentido en que introduce grandes dosis de inseguridad jurídica y conflicto en el sistema creado, y además de muy dudosa lógica federalista.

En resumen, habría que distinguir dos niveles. En el primero habría que diferenciar “federar”, con valor transitivo, y que implica una acción de sujeto sobre un objeto o persona distinta de él, lo que equivale en nuestro caso a imponerle una determinada forma federal a un pueblo o grupo de pueblos distintos del sujeto de la acción, de “federarse”, es decir la forma transitiva reflexiva, que significa darse a sí mismo una forma federal. En el segundo nivel, habría que diferenciar la forma transitiva reflexiva cuando el sujeto que federa es singular y el objeto sobre el que se ejecuta esta acción le es idéntico (España, en nuestro ejemplo), y la forma transitiva reflexiva plural, o pronominal recíproca, cuando el sujeto que federa es plural y el objeto sobre el que se ejecuta esta decisión también (nos federamos los unos con los otros, y no cada uno por separado).

No sé Ustedes qué pensarán, pero a mí me parece que el valor pronominal recíproco del verbo “federar” (federarnos), necesariamente en plural, pues de otro modo no hay reciprocidad, es el que refleja mejor la lógica pluralista característica del federalismo.

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